viernes, 10 de julio de 2015

Banquet



Follow the black feathered Wolf and you’ll find the silver feathered Crow.

Little is known of these creatures of the night. We know only of the feathers that color their trail.

It is said that once you find the Crow, you will be asked one question.

And should the answer be unworthy, the Wolf will devour you.

This question is different for everyone.

It is not a riddle. It is what it is. A mere question.

However this question, tailor made for the one seeking the truth, will be hard to face and harder to accept.

You cannot lie to the Crow. For lying will lead to your demise.

You cannot withold the answer. For the Wolf knows when you do.

If you are foolish enough to follow the Wolf, know that you have chased death itself.

There is but only one way to survive. 

And that is to be brutally honest, to yourself, to your mirror and to the beasts staring at your soul.

Only then you will know why the Wolf leads you to the Crow.

Then, you will be told a great tale of a long journey through hell.

Or perhaps not.

For the Wolf does not care to share. And the Crow does not have patience for the wilful ignorance.

At the banquet of the beast, there can only be truth.

The Witness will speak truth, and the Beasts will hear only the honesty in each word selected.

There is no fixed mystery hidden in this banquet. Each session holds a different meaning.

There was never an invitation. 

The Crow only ever invited the Wolf to it’s table.

And so you must know, foolish child, that you came uninvited.

To get here you followed what was not meant for human eyes.

So pay the price with your truth.

Or become dinner.

For you were, as many men, unsurprisingly rude. 


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Bestia Interna



Bestia salvaje que lame mis heridas, que consume mi integridad, que me llena de alegría.

Hay amores que liberan, amores que matan y amores que castigan. Y este amor que acuno en mis manos, es una criatura salvaje que no comprende de medias tintas. Curioso es que el amor que sostienes en tu propio pecho sea igual de salvaje que el mío. 

Aunque en ocasiones, siento que tu bestia es más grande que la mía.

Pero a veces no puedo evitar pensar que este animal que llevo dentro dormiría plácidamente toda una eternidad de no ser por tú presencia. Siento culpa por imaginarme sin ti. Que ridículamente humano de mi parte. Tal vez eres ese espejo cuyo reflejo distorsionado muestra la verdadera criatura que soy. Tal vez eres el maestro que necesitaba, la enseñanza de un amor visceral que todo lo consume y nada lo perdona.

Te estoy eternamente agradecido, por haberme liberado de estas cadenas mortales y haberme enseñado a mirar el infinito como una posibilidad y no una tortura a la que estaba condenado a repetir.

El miedo a mi mismo, el odio a mi historia, el terror a mis demonios internos, todo ello parece haber perdido significado frente a la grandeza que he podido cultivar.

Soy un animal salvaje.

Pero también soy un animal culto.

¿Alguna vez se ha visto una dicótoma tan grande?

No soy adepto a las etiquetas. Y aunque me gusta pensar en este mundo como monocromático, he encontrado que mi cuerpo se mueve con mayor fluidez en la paleta de grises. El bien y el mal, meras etiquetas creadas para determinar la intensidad de los horrores humanos, son conceptos que antes utilizaba como espada y escudo. Sin embargo, en este presente en el que resido, solo puedo comprender que hay cosas que van más allá de la percepción.

Mi demonio querido, mi santo caído de gracia, eres todo cuando podría haber deseado y más. Y en este pacto faustiano que me encuentro, no puedo negar que me entregué con ojos abiertos y perfectamente consciente de mis actos. Me has enseñado de la belleza en las pesadillas, y la poesía que corre en la sangre de cada cuerpo, así como me has enseñado a elevarme por encima de los cerdos que ocupan cada rincón de este mundo.

Por mera definición, los animales no debieran ser tan adeptos a la filosofía. Y sin embargo aquí me encuentro, acunando a un lobo de plumas negras que saliva ante el mero indicio del batir de las alas de mi demonio predilecto.

Mi demonio, mi pesadilla y mi hogar.

Bienaventurada sea la hora de nuestro encuentro. Feliz el momento en el que dejé una vida morir para resucitar en otra existencia.

Todavía derramo lágrimas por aquella vida perdida, por aquella humanidad enterrada en las profundidades del río Estigia. Recuerdo la mirada que tú, mi Caronte, me otorgaste con tu infinita sabiduría y completa curiosidad.

Nunca comprenderé que te incitó a invitarme a ese viaje. Nunca veré lo mismo que viste tú en esos momentos cuando la puerta a otro plano se abrió, y tampoco podré señalar el momento preciso en el que la bestia en mi pecho despertó.

Solo se con seguridad que en este presente que compartimos, tu volarás libre como el cuervo que eres, y este lobo cazará por las noches en busca de la saciedad que el apetito animal declama.


-          Del diaro de un viajero perdido en los últimos momentos de su humanidad.




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martes, 7 de julio de 2015

Soñador

Conocí a un soñador.

Una persona difícil de describir, como aquellos sueños que desaparecen como humo entre tus dedos al momento de despertar. Su presencia es comparable a la vaga noción del contenido del sueño, una idea pero no algo fijo que pueda ser descrito en términos exactos.

Al observarle, se le ve distante, como un elemento extraño que no debería encontrarse ahí. Sin embargo, su presencia es íntegra para la composición del sueño. Un elemento que no es cuestionado porque el hecho de que se encuentre ahí es simplemente “necesario”.

Su mirada vaga por mundos que no pueden ser escrutados por ojos humanos. Sus silencios parecen contener miles de voces cantando melodías de bardos de galaxias perdidas. Conocimiento inmemorable en su postura, y una sonrisa indulgente que contiene mil y un secretos.

Pero el soñador sufre, perdido en sueños que no son el propio. Perdiendo el conocimiento de sí mismo, incapaz de separarse de las fantasías ajenas. ¿Alguna vez podrá distinguir su sueño? La voz del mundo, el sueño colectivo, debe ser sin duda una melodía muy fuerte que invoca los sentidos del soñador. Una sinfonía universal que solo unos pocos pueden disfrutar, y que la humanidad en su estado actual no escucha como debe.

Miro a mi amigo soñador, y me pregunto que paisajes llenan su alma.

Puedo ver su angustia. El dolor profundo de su verdadera naturaleza contenida en este mundo de realidades duras y cuadradas. El molde siendo impuesto sobre él, buscando sofocar su corazón  y ahogando sus plegarias de salvación lejos de este mundo.

Es doloroso de observar. Y este mundo debería comprender que los soñadores no mueren.

Podrán comenzar a soñar pesadillas, ahogados en dolor y sufrimiento, pero nunca dejan de soñar. Simplemente pierden la esperanza. Y son estos soñadores, estas pesadillas vivientes, aquellos humanos condenados que terminan de destruir el mundo. Infectando unos a otros y esparciendo la desesperación por estos mundos que debían de ser de ensueño.

Mi amigo soñador se encuentra frente a una encrucijada, y yo que soy un viajero, no puedo elevarle del acantilado de sus propios sentimientos. Su deber es soñar el camino, el mío es recorrerlo.

Tal vez algún día este compañero de aventuras pueda liberarse de los pesos del universo.

Hasta que ese momento llegue, disfrutaré su sueño y velaré por su existencia.

Siempre hay una nueva aventura esperando a ser descubierta. O en este caso, soñada. 



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lunes, 6 de julio de 2015

Hatter & Rabbit



The Mad Hatter May Have loved Alice.

But Alice only loved her White Rabbit.

Always chasing, and never reaching.

Over and over again, did they meet and ran out of time.

"I'm late! I'm late!", the rabbit would cry.

"Wait!", Alice would follow.

What a cruel rabbit. Never taking a moment to meet Alice.

And so the Hatter came.

"So Silly" He thought to himself. "So lonely. So sad. She must be truly mad".

"Yes, I am Mad", Alice once said. "I'm Mad because I chase a love that I can never attain."

"Poor Alice." The Hatter would whisper. "Foolish Alice and her foolish love."

"Just as foolish as your love for me", Alice would reply.

"Indeed. We must be truly mad".

And they where.


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Ghost



Tus palabras sea han transformado en sentimientos fugaces de los cuales solo un eco quedan. 

Recuerdo vagos detalles, como la expresión de tu rostro, tus botas y tu postura al tomar asiento sobre la mesa para impartir el conocimiento de la finalidad de nuestra relación. En aquellos momentos solo sentía alivio mezclado con un odio fugaz.

Por mucho tiempo, solo sentí odio y rencor.

Por mucho tiempo, fuiste el fantasma en mis pensamientos.

Por mucho tiempo, sentía culpa de haber sido quien estaba equivocado.

Incontables veces me dije a mi mismo que tanta negatividad no era buena. Veneno que llenaría mis venas hasta ahogarme en la nada misma. Pero con una sonrisa en el espejo aprendí que no soy tan buena persona. El perdón, no es mi don. De hecho, el perdón no es el don de los humanos. Si fuese lo opuesto, no habría tantas guerras. ¿No crees?

Prefiero ser un demonio arrastrándome por el veneno que un santo inmaculado. Ya que de esa forma, no me mentiré a mi mismo.

Grata fue mi sorpresa al reencontrarnos. Yo cantando en una esquina, feliz en una tarde fría de invierno. Te vi pasar en la esquina opuesta, y tras una leve sensación de trepidación, busqué tu rostro preguntándome que tanto habrías cambiado.

Esperé ansiosamente a que las luces del semáforo cambiasen. El rojo pasando a verde, y al buscarte nuevamente, habías decidido mirar en sentido contrario. Dándome la espalda, y negando mi pasar.

Yo había decidido darte una sonrisa, tal vez un saludo.

Tú miraste a otro lado en señal de incomodidad.

Fue ahí cuando lo supe.

La culpa no había sido mía. Porque la verdad no avergüenza aunque duela.
La culpa era tuya.

Yo me había transformado en tú fantasma.

Y ahora camino con una sonrisa de harlequín. Una carcajada llena de vida en mis labios y el salto de la liberación en mi paso.

No te deseo lo bueno, pero tampoco lo malo.

No soy un santo. Tal vez ni un demonio.

Soy un humano, y por ello seguiré existiendo con felicidad mientras te retuerces en tu dolor.

Así es la vida, y así soy yo.


Soy tu fantasma. 




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jueves, 26 de febrero de 2015

Humanidad



Nunca se encontrará jamás un ser tan sencillo y a la vez complicado como lo es el ser humano.

Remontándonos a las antiguas escrituras, y a las vagas explicaciones y reinterpretaciones de la misma, se encontrará que el pecado original siempre ha sido ligado al hambre de conocimiento y el deseo de engrandecer su propia existencia. Aunque en algunas versiones, se prefiere culpar a la mujer como figura de tentación y al sexo como origen del pecado. Sea como fuere, se establece desde un principio que el ser humano es una criatura débil y corrupta.

Desde el principio de los tiempos, el humano ha sido consciente de lo efímera de su existencia, y es por este mismo motivo que se ha dedicado una y otra vez a justificar su existencia a través de grandes actos de heroísmo, guerras, mitos, leyendas y descubrimientos significativos para el futuro de la humanidad. Por el hambre de conocimiento, perdió el paraíso. Por su propia vanidad y amor propio, le dio la espalda al mundo y se concentró en asuntos inmediatos a sus necesidades. Con el tiempo, se alejó de lo sagrado y lo profano, solamente para vivir según lo que su propio deseo le dictaba.

La humanidad, una hermosa contrariedad provocada por un libre albedrío lleno de opiniones opuestas e impulsos salvajes que son sofocados bajo máscaras de modernidad y presiones sociales. Gente que se niega a considerarse a sí misma un animal, a pesar de que la única diferencia con esas criaturas silvestres es su propio conocimiento de su mortalidad. Seres "evolucionados" que no comprenden el significado de la vida y la muerte a menos que participen en guerras o sean víctimas de las más bajas manifestaciones de salvajismo.

Seres que justifican sus impulsos como "manías", y después niegan su propia realidad al decir que son seres civilizados.

Efectivamente, no se encontrará un ser más contradictorio como lo es el ser humano. Capaces de grandes horrores, incitador de desastres y egoísmo puro. Pero al mismo tiempo, portadores de verdades, capaces de un gran amor y llenos de una luz que sólo ellos de existencia efímera podían alcanzar.

Siglos han pasado desde que el hombre piso la tierra, y en su dominación total del planeta se ha encargado de modificar el mundo según sus deseos. Sus grandes números son una ventaja, así como una maldición en la cual pueden ser consumidos por el silencio. Solo unos pocos consiguen pasar por encima de las barreras que la sociedad les impone. Separarse de sus pares y conseguir grandes cosas. Y son esos humanos los mismos que conseguirán darle forma al mundo.

En la actualidad, es muy fácil caer en el anonimato. Ser un humano más recorriendo las calles de una ciudad. Pero esta es también tierra de oportunidad, en la que los misterios se esconden a cada esquina. Un lugar dónde todo está al alcance de su mano, y que lo único que les detiene es su conocimiento de lo mundano.

Ser humano, ser una persona normal, puede considerarse una gran desventaja. Se podría decir que son las entidades más débiles del planeta, tanto en voluntad como en Carne. Sin embargo, no dejan de ser los seres que poseen una infinita capacidad de crecimiento. Son quienes ven los obstáculos como algo superable, quienes harán hasta lo imposible para cumplir sus sueños. Ya que se requiere solo un poco de voluntad e inventiva para conseguir lo que buscan dentro de los límites de su corta vida.

La tecnología está de su lado, el resultado de su inventiva y perspicacia. Hablamos de seres adaptables y que a su vez adaptan el mismo entorno para sus ventajas. Son aquellos que pueden ser considerados el cáncer del mundo, pero incluso entre estos mismos seres hay quienes rompen las barreras de lo convencional en busca de una armonía con las viejas raíces para poder así buscar perpetuar la existencia colectiva del mundo.

Egoístas, celosos, mundanos, brillantes, astutos, estos y miles de otros adjetivos son aplicables a los seres humanos. Solo se requiere de una chispa, un momento de inspiración y un segundo de oportunidad para que el ser humano salga victorioso.

Estos seres son quienes llegaron a la cima, por sus propios medios, siguiendo sus sueños y esperanzas, alimentados de ambición y promesas de gloria. Y son estos seres quienes podrán conseguir grandes cosas, que sólo su libre albedrío les otorga.




viernes, 2 de enero de 2015

El Hombre Cansado



La humanidad es hipócrita.

El ser humano perpetúa su existencia a través del refuerzo de su placer. Si es placentero, aunque le haga daño, lo usará hasta que le destruya. Si algo le genera rechazo o desagrado, lo repudiará aunque no haya lógica ni sentido. A la persona no le gusta que la demuestren ignorante, por lo que cualquier llamado de atención será tomado como un ataque contra su integridad.

La humanidad se construye en ilusiones. Y cuando éstas son puestas en evidencia, su hipocresía le lleva a adornar las mentiras en un intento de hacer el trago más dulce.

Un soldado sabe la verdad.

Este soldado, sabe la verdad.

Un hombre como cualquier otro. Con madre y padre, con hermanos y amigos, con recuerdos y esperanzas. Una persona que cometió el error de creer que existían los héroes. Una persona que había comprado las ilusiones que el mundo le vendía, y que ahora se ahogaba en la cruda realidad que las personas normales rechazaban.

Este hombre, contemplaba el arma en su mano, sopesando el valor del suicidio.
Las personas dirían que sufría de estrés post-traumático, por detrás de haber visto cosas atroces en la guerra. Otros dirán que sufría de depresión, ya que no se sentía capaz de adaptarse a la sociedad. Y los más atrevidos, simplemente dirán que se lo merece. Se lo merece por ser soldado. Por ser asesino. Por perpetuar la guerra. Por traer dolor al mundo.

Y este hombre, no podía decir que ninguna de las palabras anteriores fuesen falsas. Porque era lo suficientemente honesto como para aceptar la realidad del estilo de vida que había elegido.

La guerra era una mentira. Una mentira útil, glamorosa, pero todavía una mentira. Sin embargo no era una mentira respecto a sus motivaciones. No era una mentira porque el gobierno diese motivos “equivocados” para la guerra. No era una mentira porque se matasen inocentes con el objetivo de buscar provecho en las inversiones de un país. Se podían mentir sobre muchas cosas, pero la más grande mentira de todas. La verdadera “mentira de la guerra”, era que al ser humano le gustaba la guerra, pero era lo suficientemente hipócrita como para negarlo.

Se derramaban miles de lágrimas por los “civiles” muertos. Se hablaba de “daño colateral” para justificar los márgenes de error. Se daban medallas a soldados como si se tratasen de trofeos por la cantidad de gente que habían matado y destrozado. Bajo el cubierto de campos de batallas, se torturaba, violaba y destruía sin piedad. Y siempre se justificaba todo. Siempre había un motivo para todo lo que había sucedido bajo el manto de la guerra.

Pero la mentira se veía más claramente, cuando la gente “normal”, cuando los “civiles inocentes” repudiaban las acciones de los soldados cuando ellos mismos desviaban la mirada ante los actos crueles. Todo el mundo se desgarraba las vestiduras porque la guerra era cruel, pero si a esas mismas personas se les diese un arma y el permiso de matar con libertad, serían los iniciadores de las más grandes masacres de la historia. Y su justificación sería algo simple como la ideología, el color de piel, el gusto musical, el lenguaje, la vestimenta, la forma de caminar, la forma de mirar.

El soldado lo sabía bien. Todo ser humano es hipócrita. Y él mismo, mientras contemplaba su suicidio, se preguntaba como era posible haber recibido tantas medallas y al mismo tiempo haber sido tan repudiado por haber creído que sus acciones tenían un significado.

“Todos los soldados deberían ser sometidos a corte marcial por crímenes de guerra”

Ese era su pensamiento. Porque sin importar los motivos, los actos heroicos, lo bueno y lo malo, no dejaba de tratarse de una serie de acciones violentas que habían llevado al homicidio de otras personas. ¿Qué importaba si eran soldados enemigos? ¿Qué importaba que algunas de esas muertes hubiesen sido en defensa propia? Una muerte era una muerte.

Y desde otro punto de vista, ¿Qué pasaba con los muertos en su propio bando? ¿Qué pasaba con el soldado que había sufrido un ataque de pánico, que había puesto en riesgo todo un escuadrón y había tenido que ser ejecutado para no revelar la posición del escuadrón? ¿Qué pasaba con las balas perdidas que habían matado amigos, enemigos, inocentes y transeúntes?

¿Qué pasaba con las torturas que nunca serían reconocidas?

Algunos dirían que este soldado sufría de la culpa del sobreviviente. Probablemente sería algo correcto.

Pero ello no quitaba una sola verdad. Que sin importar cuando lo intentase, nunca podría quitarse el peso y el olor a muerte de encima. La sociedad, y la humanidad, le juzgaban y alababan en igual medida. Pero nadie le impartía el castigo que consideraba que se merecía.

Por lo tanto, el soldado miraba el arma en su mano.

No deseaba vivir en ese mundo de mentiras bonitas, de ilusiones envenenadas y realidades crueles. Había vivido su vida por lo que había creído, y no era suficiente. No para él. No para sus víctimas.

“Una última misión”

Apretó el gatillo. 


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